Consultar Teatro Musical de Cámara, Le cinesi - Madrid

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Se trata de una ópera de salón en un acto compuesta originalmente para piano y cuatro voces por Manuel del Pópulo Vicente García sobre un popular libreto de Pietro Metastasio fechado en 1735.


La dirección musical está a cargo de Rubén Fernández Aguirre, quien ya ha dirigido tres óperas de salón de Manuel García, y la dirección de escena de Bárbara Lluch, quien debuta con esta producción tras una larga carrera como colaboradora de directores de escena en España y Reino Unido. El elenco está conformado por José Manuel Zapata, Marina Monzó, Cristina Toledo y Marifé Nogales. El equipo artístico, en el que claramente predominan las mujeres, está además conformado por la escenógrafa Carmen Castañón, la diseñadora de vestuario Gabriela Salaverri y el bailarín Rafael Rivero.


En las mañanas de los días 10, 12 y 16 de enero habrá, en la propia sede de la Fundación, tres funciones didácticas para alumnos de secundaria (previa petición), como parte del proyecto didáctico del Teatro de la Zarzuela.


Según apunta Bárbara Lluch, “Le cinesi de Manuel García remite a la fascinación que durante décadas han tenido los europeos por la cultura china. La acción, de una hora de duración, transcurre en los aposentos de Lisinga junto a sus amigas Sivene y Tangía, tres jóvenes de la nobleza china sometidas a un aburrimiento soberano. De improviso, Silango, hermano de Lisinga, regresa tras un largo viaje por Europa y su entrada en los aposentos dispara entre los cuatro personajes el debate sobre las costumbres de cada pueblo. Con una cierta pretensión historicista, he decidido situar la trama en algún momento tardío de la dinastía Qing que rigió los destinos del inmenso país asiático desde 1644 y 1912, antes del establecimiento de la República de China. Fue, por tanto, la dinastía que gobernaba en Pekín cuando en 1735 Metastasio escribió su libreto en la Viena de los Habsburgo; y también la misma cuya belleza, exotismo y misterio despertó tanta curiosidad en la Europa de la Edad Moderna.


Para mí, Le cinesi trata sobre máscaras, sobre el antifaz que a veces nos cubre y que solo en ocasiones somos capaces de quitarnos para desvelar nuestra personalidad. Al comienzo estas tres doncellas se nos presentan como si fueran una y la misma mujer, con un perfil idéntico: distantes, obedientes, sin preocupaciones. Tras la entrada en escena de Silango, a medida que transcurre la acción, se nos van revelando como mujeres de carne y hueso, llenas de pasión, humor, preocupaciones, amor y sufrimiento. Cada personaje acaba mostrando su rostro verdadero y su personalidad. De las tres nobles, Lisanga es la que más claramente quiere escapar de las ataduras de la sociedad china que sufre con resignación; Sivene es la más coqueta y femenina, con un tocado elaborado inspirado en una muñeca de porcelana china (materializada en los jarrones del escenario) como señal de su mayor identificación con las convenciones de la sociedad; Tangía, por último, es un espíritu frustrado que sufre por no poder manifestar públicamente su atracción por Silango. Por su parte, Silango muestra un perfil psicológico distinto que sirve de contrapunto dramatúrgico con las tres damas, no solo por su condición de varón sino, sobre todo, por la experiencia adquirida en los viajes por la idealizada Europa. La interacción entre los cuatro personajes nos va desvelando la personalidad de cada uno de ellos, que poco a poco se van despojando de sus máscaras.


La inspiración en la estética chinesca, en particular de la dinastía Qing, impregna toda la escena. En la gestualidad he encontrado una fuente poética y eficaz para cargar de empaque psicológico y de realismo a cada personaje. La paleta de gestos que asociamos a las mujeres de la cultura oriental está explorada en cada escena: pasos lentos, movimientos mínimos, actitudes recatadas, gestos contenidos, manos delicadas… Las vestimentas holgadas, las pelucas negras y atrenzadas, el mobiliario orientalista, los biombos traslúcidos y las tonalidades ocres terminan de dibujar el mundo chinesco de la propuesta escénica que presenta esta producción. Quiere ser un reflejo del misterio y el exotismo que suscitaba (y pese a la globalización aún suscita) la mirada a Oriente, un espíritu que sin embargo no tuvo prácticamente reflejo en la música de García que parece evitar los guiños orientalistas, luego tan patentes en posteriores obras de inspiración oriental, como la famosa Turandot de Puccini”.


www.march.es


Fuente


  •  Fecha de publicación: Enero 9, 2017
  •  Fecha de modificación: Enero 9, 2017
  •  Ciudad: Madrid
  •  Dirección: Calle De Castelló, 77, 28006 Madrid
  •  Vistas: 12




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